Hay momentos en la vida en que el mismo recuerdo es el que toma la iniciativa y es el que aparece candil en mano y te ilumina, acudiendo cada noche ( y en las más frías) para acompañar tu vigilia y preguntarte por el fondo de su propia existencia, que es lo que a él le quita el sueño.
-¿ Por qué existo?, ¿ quién y cuánto de importante soy para que me mantengas íntimamente ligado a ti?
Existes porque aquel día llegué a la catedral y no lo hice sola. Eres unas palabras: " quiero llegar contigo a Santiago", unas lágrimas, una conversación de cinco kilómetros, llegar dados de la mano, apretándonos fuerte para comprobar que es cierto, que es de verdad. Gritos, sonrisas, más lágrimas, tres vidas con puntos en común que se unen para dar pasos hacia un mismo objetivo cargados con un macuto de peso pesado, cargados de pasado... y de ilusión por encontrar nuevas y distintas esperanzas, con fe en que algo bueno estaría por llegar.
Importante es poco, porque las cosas ocurren por algo y antes de ser recuerdo, en el mismo instante en que nacías como hecho, ya sabía que serías único, especial.
Y aquí estás, conmigo. Pidiéndome que mire a mis peregrinos... y es que creo que son felices. Y yo sé que lo soy. Dar gracias se queda corto, muy pocas palabras para contener tanto. Tengo que hacer otro Camino de Santiago....
Tener recuerdos, dormir con ellos, aprender de lo que la vida te ha puesto en el camino, y en este caso nunca mejor dicho. VIVIR, joder, VIVIR, menuda maravilla. ¿Hay algo mejor que esto? Sin vida no hay recuerdo, ni futuro.
Mi presente: el mejor regalo del cual soy consciente.
Y una frase en la mente con la que cerrar los ojos, para acabar el día:
VIVIR ES LO MEJOR QUE TE VA A PASAR EN LA VIDA




